lunes, 19 de agosto de 2013

Real de Catorce.

Ya que estaba en San Luis Potosí, fui hacia el norte del estado para conocer el desierto, ya que ahí empiezan las zonas desérticas de México. Ya en esta zona, al estar cerca de la frontera con USA, es sorprenderte ver que en las carteleras de destinos en las terminales de micros hay casi tantas ciudades Yanquis como Mexicanas, hasta en los pueblos chiquitos salen micros que van diariamente a Houston por ejemplo. México es realmente un país con muchos países adentro y esta zona tiene muy poco que ver con Oaxaca o Chiapas y si bien la pasé muy bien no sentí la misma buena onda que había en el sur. A pesar de no ser de los estados más peligrosos y con mayor actividad del narcotráfico, San Luis Potosí tiene bastantes problemas con esos temas y la presencia militar y policial es mucho más fuerte, y siempre con su arma gigante en la mano lista para ser usada.
También es la zona donde más vi al estereotipo de Mexicano que a uno primero le viene a la mente, todos o casi todos andan con sombreros y se escuchan rancheras por todos lados. Muchas de las canciones tienen temáticas narco así que uno escucha letras en las cuales se habla de granadas, ametralladoras y ese tipo de cosas lindas. Con la música soy todo lo contrario que con las comidas, me gustan casi todos los estilos, pero las rancheras definitivamente no.
Real de Catorce es un pueblo que se construyó en la época colonial alrededor de una mina de plata. Cuando la mina se agotó la mayoría de la población se fue y quedó casi abandonado por muchos años hasta que algunos visionarios le empezaron a ver la veta turística. No es fácil llegar hasta ahí, hay que tomar un micro hasta Matehuala, de ahí otro que te deja en la montaña antes del túnel y uno último más chico para atravesar el túnel de 2,5 km que te lleva por dentro de la montaña hasta el pueblo. Una vez ahí, es un pueblo hermoso, colonial en el medio de la montaña, a 2700 mts sobre el nivel del mar. Tiene unas vistas impresionantes y por los colores de los cerros y lo árido del paisaje me hizo acordar un poco a Purmamarca. Todavía hay dentro del pueblo bastantes ruinas de casas abandonadas ya que llegó a tener 10000 habitantes en la época dorada y ahora ronda los 3000, eso le da todavía un plus más.
Hice una excursión a caballo al desierto que duró 6 horas. Definitivamente he vencido mi miedo a los caballos, si bien "Pingüino" era semi-automático, buena parte del camino era de montaña y luego en el llano me animé a galopar por primera vez en la vida. En un momento el guía me dijo "es un placer hacer esta excursión con alguien que no tiene miedo, muchos turistas se asustan y se ponen insoportables". Miedo yo? de que?...
El primer día subí a la montaña para tener más panorama y ver el desierto, pero no lo encontré. Al otro día hablando con el guía me enteré que esa llanura verde era el desierto, aunque no lo pareciera. Tiene bastante vegetación, no solo una enorme variedad de cactus, entre ellas el peyote, y varios tipos arbustos y flores.












1 comentario:

  1. Qué pintoresca la Ciudad Diego.. parece quedada en el tiempo..
    Y qué bueno que hayas podido hacer esa excursión a caballo... y vencer el miedo...
    hermoso!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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